Me crié regalando suerte, compartiendo cada día una sonrisa. Con la intención más consciente de mostrar agradecimiento, mi disciplina llegaba a tornarse frágil cuando mi cuerpo ya llevaba varias horas de pie junto a mi padre en su oficina (una mesa con mamparas de plástico y una silla plegable de madera...) El cariño de los clientes que le compraban el cupón nos hacía felices, no tanto lo prejuicios.
Mi libertad era un desafío, mi padre ciego mi cordón umbilical, mi misión describirle como era el mundo para que no perdiera detalle. La necesidad de comunicar con la que nací me llevó a escoger esta profesión, periodismo.
Aprendí a ver la vida con otros ojos y ahora con "La hija del ciego" te acerco con esmerada naturalidad a la ceguera.
Querer seguir compartiendo mi suerte, no fue un camino fácil, la lucha por ser alguien como esos clientes importantes de mi padre, tampoco.
Salí de Tenerife para llegar a Madrid, allí él llegó antes al cielo. Nos despedimos en la lejanía para que la ausencia no doliera tanto. En mis pasos: radio, prensa escrita, gabinete de prensa, televisión, presentaciones, dirección audiovisual... Sí, un extenso curriculum que discurre por el mismo sendero, contar algo.
Con La hija del ciego me abro en canal, volviendo a esos inicios en los que de nuevo me expongo a ser juzgada, pero si me lees con el corazón sentirás que te regalo una sonrisa que convertirá cualquier oscuridad en color, todos los de sus ojos, ¡los colores de la vida!
Deseo que puedas disfrutar de este homenaje al amor padre e hija.
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